El ocaso de Sofía. ~ Pruébame blogger!

martes, 16 de septiembre de 2008

El ocaso de Sofía.

Sofía llegó a una de las mesas al aire libre que tenía aquel bar colocadas fuera del local. Se sentó al lado de aquella mujer que había conocido en el entierro. La tarde era agradable y se prestaba para tomar una copa en aquella terraza improvisada. Estuvieron un rato sin decir nada; aún estaba todo muy reciente y ninguna de las dos quería empezar a hablar. Sofía miró a aquella mujer, vio que era jóven pero a la vez destilaba madurez. Cuando la conoció se preguntó como es que ella era la mejor amiga de aquel chico, siendo aproximadamente 10 años mayor que él. Al final la curiosidad pudo más, y como no sabía que otra cosa decir en aquel momento se lo preguntó.

-Mira Sofía, la amistad no es cuestión de edad ni de madurez, es cuestión de confianza. Te sorprenderías de todas las cosas que hubieras arreglado con este chico si hubieras confiado un poquito más en él.
-yo... no, no, yo confiaba mucho en él. Le conté cosas muy personales, de mi vida privada, cosas que he contado a pocas personas.
-Te equivocas, eso no es confianza. Es confidencia. Tu puedes sentirte lo suficientemente segura con alguien como para hacerle partícipe de tus confidencias y buscar consejo, y sin embargo no ser capaz de compartir cosas cotidinas ni de abrirte con otros aspectos de tu vida. Con él demostraste claramente que no le tenías confianza, solo lo requerías cuando necesitabas ayuda, entonces si acudías a él,. Pero porque sabías que podías fiarte de él para eso, nunca te había dado motivos para pensar lo contrario, pues ya te había ayudado otras veces. Pero de resto dudabas de sus palabras, renegabas de sus explicaciones, olvidabas sus disculpas, pensabas que se inventaba historias para justificar sus meteduras de pata; en realidad el único delito que cometió él contigo fue decirte siempre lo que pensaba, aunque supiera que podría hacerte daño. Fue siempre claro y transparente contigo; si alguna cosa no te gustó fue porque el era demasiado franco. No culpes al cuchillo de que te cortes, culpate a ti por cogerlo de manera inadecuada.
-¿Pero cómo puedes decir eso? ¡él siempre decía cosas que yo nunca había hecho, me echaba en cara cosas que yo no sabía de donde las sacaba, las decía con rencor...
-Otra vez te equivocas. Las decía dolido, o con mucho enrabietado porque no lo entendieras nunca; no te echaba las cosas a la cara, intentaba hacerte reaccionar, que te dieras cuenta de las cosas que tu le hacías a él, que le explicaras por qué te comportabas de esa manera con alguien que solo te quería ayudar. Tu te guardabas todo para ti, él solo intentaba averiguar qué pensabas, qué sentías, intentaba ayudarte. Él entendía perfectamente todo esto e intentaba que te dieras cuenta mientras tu hacías oídos sordos. Él solo necesitaba que fueras un poco más transparente, no quería invadir tu intimidad, no quería ser pesado, no quería herirte. Solo quería que le dijeras cuándo te molestaba, cuando te hacía daño, cuando te decía algo que no procedía, cuando tenía que quitarse de enmedio para dejarte pasar. Si al menos lo hubieras conocido un poco mejor... tu siempre pasabas de él, lo ignorabas, si no te gustaba algo de lo que hacía o decía en lugar de censurarle o corregirle lo dejabas en la incertidumbre, comiéndose el coco, dándole vueltas a todo el asunto para averiguar donde había metido la pata y como corregir su error y no volver a cometerlo.
-Esa si que me ha hecho gracia. Yo se lo decía, y él volvía a fallar una y otra vez.
-También lo sabía, y se lamentaba por ello. Pero se lamentaba más aún por el hecho de que tu no te dieras cuenta de que siempre te hacía lo mismo pero por motivos diferentes. Nunca fue por la misma causa ¿lo entiendes? él no estaba preparado para evitar caer de nuevo, para dejarse arrastrar por su forma de ser. Las famosas historias que tu dices, son simplemente un intentar entender qué hacías. La poca información que tenía de ti la utilizaba para intentar entenderte, pues tu no le facilitabas nada. Usando la famosa navaja de Occam (en iguales circunstancias, la respuesta más simple suele ser la correcta) intentaba hacerse una idea de por qué te comportabas como lo hacías, siempre fuiste muy errática, desconfiada y te contradecías a ti misma cuando hablabas con él, así es que se hacía el coco un lío. Supongo que te ocultabas, que te escondías en tu cascarón; te sentías amenazada, vigilada o yo que sé.
-¿Quieres decir que yo... que yo provocaba que se comportara de esa manera, que intentando corregirse y centrándose en no volver a cometer un error perdía perspectiva y metía la pata por otra causa tocándome las narices una y otra vez?
-Sabes, eres una chica bastante lista... no entiendo como no llegaste a verlo nunca. Bueno, si que lo sé: porque tu ibas a tu bola y nunca le prestaste atención. Por otra parte, lo limitabas, lo coartabas, él se cortaba cada vez que te veía, cada vez que te hablaba. Intentando no herirte perdía toda personalidad y se convertía en una carcasa vacía, sin argumentos con los que hablar, sin palabras que decir. Su amor platónico por ti también tiene que ver, su timidez y el que supiera que no le gustabas hacía que ni se planteara decirte lo mucho que te quería, lo guapa que estabas, lo que le gustaba verte con el pelo suelto... ese tipo de cosas que llenan esos huecos entre dos personas que se aman y no tienen otra cosa que decir mientras se pierden en el vacío de sus miradas.
-Ahora que lo dices, siempre me miraba de aquella manera, tan dulce, tan penetrante, tan limpia... tarde me doy cuenta de cómo se sentía cada vez que me encontraba en persona. Nunca me dijo nada...
-Pfff si hubieras tratado de conocerlo un poco mejor te habrías dado cuenta de como era realmente, en lugar de huir de él, de esconderte, de inventar excusas para no hablarle. Que esa es otra... ¿lo hacías adrede o era pura casualidad? ¿por qué jugabas con él de esa manera? ¿tenías miedo de él o algo parecido?
-No sabría decirte. Algunas veces era pura casualidad, el me hablaba y yo no podía o no quería contestarle. A veces se lo decía, las más callaba. En serio que muchas veces no podía contestarle.
-Falso, si no puedes o no quieres se lo dices. Así de simple. Él sabrá a qué atenerse en cada situación. Pero si te quedas callada todo serán dudas para él. Mira, yo en vano intenté convencerle muchas veces de que tu pasabas olímpicamente de él, de que no valía la pena intentar hablar con una persona que lo toreaba. Él siempre esgrimía que valoraba mucho tu amistad y que deseaba recuperarla. Yo nunca lo entendí.
-¿Eso decía?
-¿También dudas de mi? ¿por qué dudas tanto de la gente?
-Yo no dudo de la gente.
-No confías, luego dudas.
-Si confío.
-No en él.
-¿Y tú que sabes?
-Me contaba todo sobre ti. El pobre se confiaba en mi, de la misma manera que yo le confiaba mis cosas a él. Teníamos una sólida amistad porque nos entendíamos y nos ayudábamos, y nos sentíamos muy unidos el uno al otro. Perdona que te lo diga, pero tu inmadurez siempre evitó que él llevara una relación similar contigo.
-Ahora entiendo que tu fueses su mejor amiga. Solo así se comprende que se abriera tanto a ti. A mi nunca me ofreció algo parecido.
-Otra vez te equivocas. Él se abrió mucho a ti, te contaba muchas cosas, pero poco a poco fue dejando de hacerlo porque tú no te interesaste nunca en lo que te contaba.
-Eso no es cierto.
-De acuerdo. Dime cuantos hermanos tiene, en qué trabajan sus padres, donde hace la compra...
-¿Cómo quieres que sepa eso?.
-Pues él te lo dijo, te contaba muchas más cosas suyas de las que crees. Cosas cotidianas, sin mucha importancia quizá. Seguramente nunca te llamaron la atención, no te dieron pie para hilar una conversación. Si querías escuchar de él una canción triste, un problema familiar, un drama... nunca lo ibas a escuchar. La canción más triste que te ofreció fue su propia vida y no la escuchaste.
-¡Apenas me contaba cosas de él!.
-Sus silencios te hablaban mucho. Tu nunca los entendiste.
-No te entiendo.
-Ahora ya no me pareces tan lista, aunque esto no es cosa de inteligencia; es de madurez, de sentimientos, de sabiduría. Sabes que es eso lo que significa tu nombre, ¿verdad?.
-¿sabiduría?
-Si. Algún día serás sabia, pero para eso tendrás que enfrentarte a tus temores, a tus problemas, a tus fallos, superarlos y aprender de todos ellos. Ahora solo huyes hacia delante. Él también sabía esto, se daba cuenta de cómo actuabas y lo que hacías. Se desesperaba porque por mucho que lo intentara no conseguía hacer que te dejaras ayudar.
-Nunca vi esos problemas en mi, nada de lo que me dijo me parecía cierto ni tenía sentido.
-Ya ves que acertó en muchas cosas. Quizá no te conoció realmente bien como persona, pero si se adentró en tu alma y la supo ver. Tu huyes de tus problemas, para evitarlos los ignoras y dejas que se resuelvan solos. No te das cuenta de que son muy cabezotas y lo único que hacen es crecer y crecer. Y cuando más gordos están es cuando único tomas cartas en el asunto, te cabreas porque te cuentan cosas que tu no entiendes porque nunca las quisiste ver.
-No sé, todo esto no acabo de creérmelo. Ha sucedido todo tan deprisa... me lo pintas como un angelito, pero yo sigo viendo un demonio. ¡No puede ser que yo estuviera tan equivocada con él!
-No era un angelito, pero era bueno. Tiene muchos defectos, algunos que yo le sufrí. No era fácil tratar con él, porque siempre decía lo que pensaba, como ya te dije. A veces estas cosas duelen bastante, pero luego te pones a pensar y a veces ves que tenía razón. Y las veces que no tiene razón, basta hablar con él y hacérselo entender. La mitad de las veces se trataba de algún malentendido que terminábamos aclarando.
-Malentendidos... eso me decía él, y yo no le hacía caso.
-Entre ustedes hubo un par de momentos muy duros causados por cosas que tu le entendiste mal, y sobre las que él te pidió disculpas y se intentó explicar. Tú nunca tuviste en cuenta sus argumentos. Además de lo que sufría él por si mismo, sufría mucho por ti, pensando en el dolor que supuestamente te había causado. Tu sin embargo, siempre olvidabas rápidamente todo y pasabas página rápidamente, sin solucionar las cosas, pisoteando sus pesares y sus cosas. No te importaba verlo sufrir porque no lo veías, pasabas de largo.
-¡Basta! ¡basta por Dios! esto ya es demasiado para mi. Lo siento, me voy.

Y así fue como Sofía se fue llorando calle arriba, lejos de aquella persona que volvía a poner patas arriba su vida. Deseó no haberla visto aquel día paseando, deseó no haberla parado, deseó no haber quedado con ella, deseó no haberla conocido en aquel entierro, deseó... una punzada en el corazón le dijo por qué. Le había hecho el mismo tipo de daño que aquel chico, le hacía daño porque le había dicho las cosas que pensaba tal y como las pensaba, porque aquel chico nunca dijo una mentira piadosa,,nunca le dijo lo que ella quería oír, sino la verdad dura y desnuda. Cuando se dio cuenta, el cuerpo le flaqueó, se apoyó en el muro de un edificio y entró en el portal. Todas las cosas que le había dicho aquel chico pasaron por su cabeza y ahora si que iban encajando y todas tenían su sentido, su lógica y su razón. Se sentó como pudo y se llevó las manos a la cara y siguió llorando, y lloró y lloró aún más, hasta que la tarde dio paso al ocaso y las tinieblas la envolvieron en su soledad.


Dedicado a Perse.

4 comentarios:

RAMPAEL. pensó (ingenuamente) que alguien leería esto:

Muy buen relato. Te hace reflexionar... hasta en los espejos.
Un abrazo
Rampy.

Mr Blogger pensó (ingenuamente) que alguien leería esto:

Gracias. Reflexionar es una palabra muy profunda. Ponte a reflexionar sobre eso para que veas que es verdad.

Perséfone pensó (ingenuamente) que alguien leería esto:

Vaya, que recibimiento ¡Muchísimas gracias por la dedicatoria! Aunque sabes perfectamente que esta historia dejó de gustarme hace ya algunas entregas.

Yo resucitaria al chico, ahora que Sofia ya ha visto más o menos su propia realidad.

Y es que siempre fui más de finales felices que de finales razonables. xDD

Un abrazo, querido.

Mr Blogger pensó (ingenuamente) que alguien leería esto:

Es que quizá estas historias no sean para que le guste a la gente, sino para hacer pensar. Nunca pretendí escribir un cuento de hadas con esto, solo la historia de una chica que a base de recibir los golpes que le daba la vida iba madurando poco a poco y se iba convirtiendo en algo mejor. Pero prometo escribir algo diferente la próxima vez.

 

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

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