The cure - Friday i'm in love
Moby - We are made all of stars
Queens of the stone age - Go with the flow
Ver anteriores: I, II, III, IV, V, VI, VII, VIII, IX, X, XI, XII, XIII, XIV, XV, XVI, XVII.
¿Que de qué va el blog? Uhmmmm... ¡No sé de qué va el bloooog!
"Oye yo quiero un diujo de esos con mi cara, lo que pasa es qu no tengo ni idea de diseño gráfico ni de programas informáticos e ese tipo. Si me sacas del carboncillo en el ordenador sé dibujar bien poco."








Dos sombras se encontraron enmedio de la oscuridad. Fuerte, fría y decidida la una, insinuante, perseverante y calida la otra. Se miraron. En las tinieblas apenas se pudieron esbozar unas tímidas sonrisas cargadas de melancolía, dolor y tristeza. Sabían que iba a ser uno de sus últimos encuentros, quizá el último.
Ella tomó la inniciativa y se acercó a él. Durante unos instantes, él pudo oler su perfume a lavanda antes de que empaparse en la dulce fragancia de su piel. Se abrazaron con muchas ganas, se dijeron muchas cosas tocándose con las manos, ansiando cada palmo de sus cuerpos, pero ninguno dio ningún paso, ninguno quiso adentrarse en la espiral de la pasión. Sabían que posiblemente sería la última vez que lo hicieran.
El lentamente se despegó de ella y la miró a los ojos. Aún no se lo podía creer. Tenía ante si a la mujer de sus sueños, a la única mujer que hubiera podido sustituir a Elisa en su vida. Sabía que el paso que iba a dar posiblemente no tuviera marcha atrás, sabía que sin ella su vida volvería al mismo caos que siempre quiso evitar, sabía que si seguía con lo que quería llevar a cabo la terminaría por perder.
Ella miraba con incertidumbre porque sabía lo que iba a pasar. Conocía demasiado bien a aquel hombre como para pensar otra cosa y en el fondo deseaba que las cosas fueran de otra manera. Sentía que sus vidas se separarían a partir de aquel entonces y quizá para siempre, sabía que volvería de nuevo a estar sola. Veía alejarse a la única persona a la que podría confiarse ciegamente sin encontrar ninguna pega.
-Lo sabes tan bien como yo- dijo el detective -no podemos.
Lágrimas contrariadas amenazaron con brotar de los ojos de la mujer de rojo. Por una parte luchaba por demostrarle los sentimientos que anidaban en su interior. Por la otra, entendía porqué lo hacía el detective y sabía que era lo mejor para los dos... ¿lo mejor? los dos seguían pensando como lo que eran, meras máquinas para combatir el crimen que apenas dejaban hueco en sus corazones para sentir y querer. El detective había perdido el rumbo una vez por esa causa y no volvería a hacerlo. Sabía que ninguno de los dos abandonaría su faceta justiciera, y que correrían peligro mutuamente solo por estar juntos. Bastante difícil era cubrirse las espaldas uno mismo como para además intentar cubrírselas a los demás.
-Pero tu sabes tan bien como yo que podríamos vernos, aunque solo fuera de vez en cuando- le constestó la mujer de rojo -, sabes que siempre habrá algún momento en el que todo se calme y que podremos dedicarnos a nosotros mismos.
El detective la miró intentando controlar el fuego de su interior; la amaba, la deseaba, pero nunca podría decírselo. Quizá porque sabía que ella lo sabía, quizá porque sabía que si lo hacía volvería a caer en lo que tanto temía, dejaría una pequeña grieta donde cualquiera podría meter una palanca para volver a romper su vida.
-No funcionaría. Volveríamos a lo mismo una y otra vez, cuando pudieras tu, no podría yo y viceversa. Apenas nos veríamos y estaríamos más tiempo pensando en otra cosa que en nosotros. No podríamos vivir ni como pareja ni como agentes de la justicia.
Las palabras desconsoladas del detective sonaron como un golpe sordo y fuerte en los oidos de la mujer de rojo. Aunque siempre estuvo preparada para ellas, ahora minaron sus fuerzas hasta convertir a la intrépida mujer que no temblaba ante los más duros peligros en una pobre chiquilla asustada.
-Entonces... entonces... esta será la última vez que nos veamos. Sé que es una pregunta retórica, quizá nos crucemos por ahí alguna vez...
-No lo creo.- dijo la dura voz del detective -Me voy de la ciudad.
-¿Cómo?¿te te... te vas?
-Si...- el detective miró al suelo un momento mientras buscaba las palabras más adecuadas -sabes que han pasado muchas cosas y que todo esto traerá consecuencias que ahora no podemos siquiera preveer. El loro no estará encerrado para siempre, y aún así, siempre puede conseguir algún contacto en el exterior y... no, debo irme, empezar una nueva vida, lejos de esta ciudad.
-¡Iría contigo! ¡podemos desaparecer, dejarlo todo, juntos, en un sitio donde nadie pudiera encontrarnos.
-¿No lo dirás en serio? ¿acaso no te llegó una nota de Drenas?. Muchos esfuerzos he hecho por desaparecer en esta misma ciudad y justo hoy, antes de quedar, me encontré una nota suya diciéndome que tu querrías cambiar de vida y quedarte conmigo. El muy cabrón siempre se las arregla para saberselas todas.
La mujer de rojo se quedó boquiabierta unos instantes. Era cierto, a ella también le había hecho llegar una nota, justo antes de salir a la cita que tanto le había costado conseguir con el detective. Si Drenas había conseguido localizarlos a los dos y mandar notas de manera tan precisa, otros podrían hacerlo. Así que despues de todo, no quedaba otro remedio. Si seguían juntos serían presa fácil, y si se separaban sufrirían para siempre por un amor forzadamente no correspondido.
-Entonces solo me queda despedirme.
-Sabía que lo entenderías.
El detective miró por última vez a los ojos a la mujer de rojo. Era una mirada dulce y pura, de alguien que quiere olvidar el pasado pero no puede, de alguien que daría su vida por unos instantes más devolviendo la mirada, de alguien que está apurando los últimos momentos de el último momento de gozo que se va a poder permitir en lo que le queda de vida. Una mirada que escruta lo inescrutable para quedarse con cada detalle, para guardar cada instante en el recuerdo. La última mirada. Se giró y se dispuso a romper las cadenas que le unían al presente, a guardarlo todo y arrinconarlo en un lugar donde no se perdiera pero que tampoco le estorbara.
Una mano firme lo agarró por la gabardina y lo obligó a darse la vuelta.
-Si crees que te vas a ir sin darme una mínima parte de aquello que hemos deseado, vas listo niño.
Y lo besó en la boca. El reaccionó sorprendido al principio, algo incómodo después y dejándose llevar luego. Lo que al principio fue solo un pequeño roce entre sus labios, fue convirtiéndose poco a poco en una explosión de deseo. Sus bocas se comían la una a la otra, sus lenguas acariciaban los rincones de sus labios ansiosos y se tocaban soltando chispas de placer. Sus manos empezaron a tomar parte el el juego moviéndose ansiosas por dos cuerpos que se unían danzando en una excitación creciente, hasta que los dos volvieron a tomar el control de si mismos y se dieron cuenta de que aquello no los llevaba a ninguna parte. Se fueron tranquilizando y relajando y se concentraron solo en terminar aquel largo beso de despedida. Lo que al principio fue un estallido de pasión, ahora era un beso tierno. Como un hasta luego.
Los dos fueron separándose poco a poco, mirándose aún, deseándose en lo más profundo. Cada uno odiaba a su manera que todo tuviera que ser así. Dos sombras se separaron en medio de la oscuridad.
