Atención, puede (y debe) contener spoilers. Si no has leído el libro o estás en ello, sigue bajo tu propia responsabilidad.
El juego del ángel es una de esas novelas de intriga y suspense que te mantiene pegado al libro y perdido a la vez, sin saber muy bien a lo que aferrarte salvo al sufrimiento personal y difícil carácter del protagonista. Es una novela que juega un poco al despiste, un poco tramposa, que da detalles y nos coloca en situaciones adrede para confundirnos y sugerirnos cosas. Visto globalmente el libro es cíclico, da pistas que nos inducen a pensar que el protagonista ya ha pasado por ahí: le suenan muchas cosas que reconoce, hay detalles sacados fuera de la línea temporal como cuando nombra que la casa tiene partes ahumadas, como si se hubiera quemado, el reconocer la máquina de escribir o intuír que el Lux aeterna fue escrito en la mansión o la famosa foto de Cristina que están puestos para que nuestra mente se convierta en un amasijo de teorías a punto de estallar. Aparte de con momentos, objetos y situaciones temporalmente cuestionables, el autor juega con nuestra orientación, con las sensaciones y la empatía del lector, siempre haciendo que nos creamos más al resto de personajes que al principal, comido por sus neuras y que asiste una y otra vez a episodios extraños y truculentos aparecidos de la nada solo para liar más el asunto. Para esto, el recurso de mezclar a la policía por medio para remover más las cosas y darle un poco de salsa al asunto resulta eficaz pero bastante previsible, igual que el meter pizcas de elementos sobrenaturales para provocar una falsa sensación de angustia y/o desazón. La parte buena es el uso del microuniverso creado en anteriores libros, que da consistencia y un elemento común y conocido al que aferrarse al lector: la biblioteca de los libros olvidados, la librería de Sempere, etc. En resumen, un libro que encantará a los seguidores del autor, no el mejor que ha escrito, pero si un buen libro.