El club de las obsesiones ~ Pruébame blogger!

lunes, 21 de septiembre de 2009

El club de las obsesiones

Caminaba por la calle, cuesta arriba, siguiendo una dirección que un amigo le había apuntado en una servilleta. No le dijo como sabía de ese club, ni como había encontrado su dirección. Todo sucedió la tarde que juntos, amigos de birras, compartíamos nuestros pesares en aquella sucia barra de bar. No le di importancia a sus palabras, no quería pensar que pudiera llegar a necesitar ayuda con esto, y sin embargo ya no aguantaba más. Así que me encaminé al sitio que tenía escrito, cabizbajo, sin prisas. En el fondo tenía miedo, quería pasar desapercibido, que la gente no reparara en mi. Mirando al suelo casi me tropiezo con una chica que acababa de cruzar la calle y que se había colado por dos voluminosos coches que no permitían sino un pequeño y estrecho paso y que además dificultaban la visión. Por un momento la miré curioso, tenía el mismo ademán que yo. Oculté mi cara a su recíproca mirada y me centré. Apenas quedaba un pequeño tramo para llegar, así que utilicé el viejo truco de ralentizar el ritmo para que tomara la delantera y no me viera entrar en el edificio. Me miró nerviosa por el rabillo del ojo, pero siguió adelante. Quizá pensó que podía ser peligroso, pero que al estar tan cerca de a donde iba podía dejarme atrás. Porque si, para mi sorpresa también iba al club.

Nos paramos en el portal, tras ella tocar el timbre. Al ver que estaba detrás de ella su temor aumentó. La tranquilicé con unas palabras, o al menos eso intenté. Nuestro intercambio de cortas y discretas frases fue breve, pues en seguida sonó el intérfono pidiendo el santo y seña. Esta vez me adelanté yo a la chica para que viera que no tenía nada que temer. Bueno, solo una cosa: que estaba obsesionado, pero eso ella debía suponerlo también. Y por su mirada comprendí que estábamos allí por la misma obsesión.

Caminamos por los pasillos en silencio y subimos por las escaleras. Ambos sabíamos ya que íbamos al mismo sitio y por qué. Al final, ella rompió el hielo preguntándome si tenía novia. Yo dije que posiblemente nunca podría tenerla, porque sería imposible para mi pensar en otra persona, y que la que era todo para mi jamás me daría una oportunidad. Ella me contestó que le pasaba lo mismo. Resulta hasta cierto punto risible el hecho de que en otras condiciones ambos podríamos haber hecho una pareja estupenda. Al final llegamos a la puerta, que se abrió antes de que intentáramos siquiera tocar. El hombre de la puerta con bastante sorna hizo un chiste sobre el hecho de que en el club aún no se hacían descuentos para grupos ni terapia de pareja.

Al fin llegamos a la habitación. Éramos un grupo bastante numeroso, al menos una docena de personas porque aún había tiempo de que llegaran más. Nosotros habíamos llegado temprano a la cita. En el centro de la habitación había un señor mayor con pinta de sabio asceta que se parecía al gurú que me había descrito mi amigo. Debía ser él, porque los de alrededor lo trataban con reverencia y estaban atento a su más mínimo gesto. Le pregunté a mi amiga reciente si había venido alguna vez y me contestó que no. Así que éramos los novatos, pues los demás parecían conocerse. Había gente de todo tipo, chicas jóvenes y/o con apariencia de jóvenes, hombres maduros de diversas clases, amas de casa, una alta ejecutiva e incluso un anciano, y todos estaban obsesionados con algo.

La ejecutiva estaba obsesionada con el poder. Era la única fémina a su altura y estaba rodeada de hombres machistas y elitistas, así que como no podía encajar, toda su energía la había destinado a estar por encima de ellos, manejarlos y usarlos a su antojo. Había un fontanero que estaba obsesionado con la comida. Estaba tan gordo que no podía ejercer su trabajo en condiciones y temía su despido más pronto que tarde si las cosas no cambiaban. Había una maestra que estaba obsesionada con el orden y se ponía histérica con sus niños, pues era imposible sentirse mínimamente bien rodeada del caos más absoluto. Y así, cada uuno tenía su propia historia personal e intransferible.

El anciano se acercó a nosotros y nos dio la bienvenida. Nos preguntó cual era nuestra obsesión. Su mirada brilló cuando al pasar de uno a otro comprobó que estábamos allí por lo mismo. Pese a su apariencia de viejo y cansado, sus ojos vivaces imprimían una fuerza inusitada allá donde se posaban. Te atravesaba con ellos y de un vistazo parecía como si te leyera el pensamiento; el grupo de gente se mantuvo en silencio cuando dijo estas palabras:

"Mirad todos: el chico cree que puede ser feliz si la chica que lo trae loco le hace un poco de caso, y la chica piensa que su amor siente cosas por ella aunque pase más tiempo en brazos de otras. Es necesario que abran los ojos y vean que a su alrededor existen cosas mucho mejores y que les reportarán la verdadera felicidad que ellos mismos se niegan. Sufren al pensar que ellos son los que provocan su misma situación, y lo hacen, pero no de la manera en que creen. Si se quitaran las vendas y quisieran ver, encontrarían verdadero amor y entrega más cerca de lo que creen."

Estas últimas palabras las había dicho mirando directamente a nosotros. Me acordé del pensamiento fugaz que había pasado por mi cabeza, y de repente vi a la chica que me miraba con ojos sorprendidos y ansiosos, como si a ella también se le hubiera ocurrido algo similar. Boquiabierto, sin saber qué hacer o que decir, el anciano se acercó a mi lado y me dijo: bueno, es hora de presentarse ¿no?, y cuando la conozcas a ella, ven a conocer al resto del club. Estamos aquí para ayudarnos los unos a los otros, no lo olvides. Lo que hoy heyamos podido hacer por ti, hazlo tu también por los demás. Quizá puedas echar una mano a cualquiera de los otros. Y esto también va por ti, jovencita. Solo me queda una cosa por decir: este club solo admite gente de buen corazón. No deis esta dirección a nadie que no lo merezca.

Ese fue mi primer día en el club. Después de eso he vuelto muchas veces. Alguna vez para poder superar mi obsesión. Otras veces, porque sabía de alguien que podía necesitarme. También le di la dirección a algún amigo mío, esperando no haber mancillado el juramento que hicimos antes de salir de allí. Miriam y yo somos ahora grandes amigos. No llegamos a enamorarnos ni nada por el estilo, pero mutuamente nos hemos apoyado y hemos ido saliendo de nuestros respectivos pozos. Quizá el futuro nos sonría y podamos darnos una oportunidad... ¿quien sabe? mientras tanto, por fin vemos delante nuestro una vida de verdad, algo por lo que vivir sin sufrir, algo que realmente merece la pena y hemos olvidado nuestras obsesiones.

8 comentarios:

...Leituguinha... pensó (ingenuamente) que alguien leería esto:

uhm, que interesante y curioso! :)

Mr Blogger pensó (ingenuamente) que alguien leería esto:

Lechu, ¿para qué ir a un club de las obsesiones cuando algunas obsesiones son buenas?

...Leituguinha... pensó (ingenuamente) que alguien leería esto:

Las obsesiones nunca son buenas por simple hecho de ser obsesiones. Lo bueno está siempre en el JUSTO MEDIO!! pero... donde está ese medio?¿

Mr Blogger pensó (ingenuamente) que alguien leería esto:

¿acaso el chocolate no es bueno y obsesiona? Todo depende de lo lejos que dejes ir tu obsesión

¿justo al medio? mente limpia mente limpia mente limpia...

...Leituguinha... pensó (ingenuamente) que alguien leería esto:

lo tuyo es una obsesion!!!!!

Mr Blogger pensó (ingenuamente) que alguien leería esto:

¿y eso es bueno o malo?

...Leituguinha... pensó (ingenuamente) que alguien leería esto:

depende!!

Mr Blogger pensó (ingenuamente) que alguien leería esto:

...de asegún como se amire todo de pendeeee!

 

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