sábado, 30 de marzo de 2013

98 expertos contables discuten acaloradamente un descuadre en el número de hachas

Los veinte tarados de la tarantela habían acabado hasta el moño de su baile cósmico. No habían parado de bailar en toda su vida, en la firme creencia de que si lo hacían se acabaría el mundo. Los Napolitanos ya estaban acostumbrados a verlos, así que no hacían preguntas. Tampoco sabían muy bien cómo es que sobrevivían bailando durante toda su vida y cómo se reproducían, pues nadie recordaba nunca haberlos visto haciendo otra cosa. Lo que si sabían bien es que no acababan locos de tanto bailar porque ya lo estaban. De otro modo no se explicaba. Había una teoría que decía que cuando alguien acababa loco con un cierto tipo de locura, salía bailando de su casa y terminaba formando parte de los tarados. La teoría se veía respaldada cuando observabas bien el cuerpo de baile: había como no podía ser de otro modo gente vestida con trajes típicos (aunque el traje de sevillana no fuera muy típico de Nápoles, y tampoco los kilts, pero eran completamente típicos) aunque también habían personas con tutús rosas, algunas con muchos velos, otras con más bien pocos y prendas de rejilla, hiphoperos, hippies, heavys, hipsters y demás cosas que compienzan por h, gente haciendo el robocop y un imitador de Fred Astaire. En resumen, no habían tres personas vestidas iguales ni bailando del mismo modo, aunque tras los primeros tres días en el grupo al final terminaban integrándose un poco y cogiéndole el ritmillo a la cosa y hasta el heavy más recalcitrante terminaba tocando la pandereta. Así llevaban siglos y siglos bailando hasta la muerte, hasta que un día a todos se les había pasado las ganas de bailar de repente. Y ahora se encontraban allí, como si fuera una reunión de alcohólicos anónimos, sorprendidos unos de otros, completamente molidos y derruídos de años y años de bailar sin parar sin comer, cagar o dormir, como si salieran de algún tipo de sueño o más concretamente como si despertaran de un pedo enorme y no supieran muy bien dónde estaban y con quién habían pasado la noche y un malestar general de dimensiones cósmicas. Si bien todos tenían la sensación de que el mundo se iba a acabar, el sentimiento personal de cada uno se resumía más en un me quiero morir. Como la resaca, oiga, pero peor.

En otro rincón de la tierra, en cierta estepa, cincuenta personas enfadadas con el mundo daban lustre a sus garrotes. Ya estaba bien de tanta tontería. Se habían puesto en marcha y quien quiera que fuese el que estaba haciendo que las cosas se estuvieran yendo al garete se iba a cagar.

¡Cuenta con mis 97 hachas!

Anubis suspiró profundamente. Las cosas se habían salido de madre.

El Dragón Azur Qing Long le miró con tristeza.
-Quizás no fue tan buena idea después de todo.
-Efectivamente, amigo mío. No lo fue.

El dios con cabeza negra de chacal observó nuevamente el estanque mágico que mostraba lo que ocurría en la tierra.
-Deberíamos quizás pedirle consejo a Ganesha. Su sabiduría es legendaria. O quizás a Ogmios, o...
-Me opongo. Lo último que quiero es involucrar a más panteones.

Después de todo... ¿cuántos había ya en danza? El panteón nórdico, el grecorromano, el maya, el egipcio...

Cuando los viejos dioses habían ido perdiendo su poder según perdían también más y más seguidores, los más apasionados urdieron cientos de planes para mantener su modo de vida intacto y no caer en el olvido. Hubo dioses que simplemente quisieron vivir como mortales eternamente. Otros, en cambio, tenían ideas mucho más maquiavélicas y destructivas.

Anubis, junto con unos pocos dioses sabios de otras mitologías, temieron que esas acciones egoístas iniciaran un desequilibrio cósmico hasta degenerar en entropía y, posteriormente, dar forma al mismo Caos.

Por ello, organizó un extraño juego aprovechando diversas figuras de poder: Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis, los Doce Sabios, los Veinte Tarados de la Tarantela o los Cincuenta Indómitos Habitantes de las Estepas Murcianas.

Anubis, adoptando diversos disfraces, había contactado uno por uno con los diversos dioses rebeldes. Les había convencido para participar en ese juego, con cada dios tomando la forma de un avatar, e ignorando la participación de los demás. Si vencía, el dios se convertiría en el dios principal de todos los panteones.

La idea funcionó bien durante siglos. Los dioses se enfrentaban entre sí, olvidando a los humanos. Hubo dioses que tomaron forma de avatar, otros que se convirtieron en energía mágica que viajaba de huésped en huésped, otros que se reencarnaban continuamente, otros que se instalaron en el inconsciente de un mortal... pero, poco a poco, otros seres que no eran dioses y que no estaban influenciados por ellos, comenzaron a participar en el mismo juego: hechiceros, humanos de talento extraordinario, fanáticos religiosos o héroes cobraban cada vez más importancia. O, como ahora, lunáticos, estúpidos, borrachos o cyborgs...

Anubis se dio cuenta de que el juego se descontrolaba. Los dioses se hacían cada vez más conscientes de que habían sido engañados para desperdiciar su poder los unos contra otros en una carrera imposible de ganar. La repentina moda sobre el apocalipsis maya había dado nuevas energías a este panteón.

Equilibrio.

Esa era la meta de Anubis. Equilibrio. Los humanos debían ser libres para salvarse o condenarse por sí solos.

Su único apoyo era el Dragón Azur, pero incluso éste se encontraba desbordado por las circunstancias.

Para mantener el Equilibrio, Anubis había decidido participar también él en el juego. Y sus energías habían sido dadas a Alba. Ahora, el dios con cabeza de chacal temía que Hades o Hela se hicieran con el poder que había cedido a la chiquilla...

Miró nuevamente al estanque. Loki, Bacab y Atenea estaban a punto de pegarse... Y aún faltaba por llegar Ra-Amón...

Estaba claro que independientemente del dios que ganara el juego, después tendría unas palabras con él.

Anubis suspiró muy profundamente.

Continuará




sábado, 23 de marzo de 2013

96 turistas chinos perdidos en la feria de arco

Fran observaba todo desde lejos, incapaz de entender qué es lo que sucedía. Ahora resulta que todos eran dioses, semidioses o se lo hacían. No estaba bien, su vida se había vuelto loca, debía haber algo que se les escapaba a todos, algo que los estaba confundiendo y estaba liando las cosas. En principio, por muy grandes que fueran los poderes de cada uno, si lucharan contra dioses ya estarían todos fritos. También había barajado la posibilidad de que todos estuvieran muertos como en Lost o que todo fuera un sueño como en los serrano, pero le resultaba un poco complicado asumirlo. Quizá todo fuera un sueño que habían tenido tras morirse, vete tu a saber. No, aquí había algo que no funcionaba, alguien jugaba con todos, de eso estaba seguro. E iba a desenmascararlo. 

Se concentró todo lo que pudo, sabía que si alguien podía romper la ilusión en la que estaban todos metidos era él. Era todo tan irreal y tan retorcido... ¿quién podía haber logrado hacer algo tan grande y tan gordo, quien podía haber creado aquella realidad tan desquiciada, quien podía estar tan loco como para...? un momento... sabía y conocía quien podía querer escapar con tanta ánsia de su propio mundo como para inventar todas estas cosas, había una persona que necesitaba huír tan intensamente, que tenía tal necesidad de evasión que creaba sus propios mundos... ¿era posible que su propio poder se hubiera escapado de sus propias manos? ¿era algo impropio de alguien bueno crear un mundo que no era propio de si mismo? ¿tanto sexo y violencia y el surgir ahí tipo héroe no serían alguna señal de alguna falta de cariño o algo así? ¿cómo podía estar seguro de que algo de lo que veía era real? ¿tenía que haber tomado la píldora roja?

Arrodillado y con la cara y camisa empapadas, desvanecido en una especie de trance místico. Así lo encontraron Zoe y Mel, que habían estado... que se lo habían tropezado mientras buscaban al resto del grupo. Ahora ninguna de las dos sabía qué hacer. Rompiendo su mortal máscara, Afrodita y Venus se arrodillaron a los lados de Fran. Una sonrisa y un pensamiento en voz alta escaparon de la cara de éste: Afrodita y Venus son la misma cosa, dijo. Las dos, asintieron y cada una por un lado cogieron por un brazo a Fran y se lo llevaron a rastras a un lugar seguro.

viernes, 22 de marzo de 2013

¡Cuenta con mis 95 arcos!

Todos los presentes estaban tan concentrados en la batalla venidera, que no prestaron atención a dos sombras que abandonaban el grupo.

-¿Por qué nos vamos? -preguntó Alba.
-Porque creo que sé lo que está ocurriendo aquí -respondió Rebeca.
-¿Y es...?
-Los Cuatro Jinetes del Apocalipsis... Los Doce Sabios... Todo es una mentira. Una fachada mediante la cual los antiguos dioses pueden seguir actuando en la tierra...
-¿Para conseguir qué?
-Poder, imagino... o simplemente se aburrían y querían probar algo distinto... o echaban de menos usar peones humanos... o... ¡qué se yo!
-Pero eso no explica porqué nos vamos -murmuró Alba.
-En primer lugar, temo a los dioses que puedan aparecer por allí para darse de leches. Y en segundo lugar, creo que tus poderes de necromancia...

-ME INTERESAN.
-Y A MÍ...

Dos figuras. La primera era una mujer, pero la mitad derecha de su cuerpo tenía la forma de una mujer bellísima... la izquierda era un cadáver descompuesto. La otra figura era un hombre alto y musculoso vestido con una toga.

Rebeca y Alba poco podían hacer ante el poder de Hela y Hades...

Los dos dioses avanzaron hacia las dos jóvenes, alargando sus manos hacia ellas. Pero se escuchó una voz:
-¡Deteneos! ¡Yo, Zeus, os lo ordeno!

Raoul avanzó con paso firme.
-¿Raoul es también otro dios? -preguntó Alba asombrada.

-¿HERMANO ZEUS? -preguntó con desconfianza Hades.
-¡Dejad a estas mujeres! ¡Su destino me pertenece! -contesto Raoul.
-YO NO TE DEBO FIDELIDAD, ZEUS -dijo Hela.
-¡Pero sí me la debes a mí! -se escuchó la voz de Adrián- ¡Yo soy Jesucristo!

Y Adrián se plantó al lado de Raoul. Este le miró con cara de pocos amigos.
-Te dije que eras Odín, gilipollas.
-¡Yo soy Odín, gilipollas! -rectificó Adrián.

HELA y HADES les miraron con odio.
-Era un farol, ¿verdad? -preguntó Rebeca.
-¡Era un farol! -respondió Raoul-. ¡Corred!

Continuará

94 elfos con sus arcos deprimidos porque ya no pueden contar con las hachas de aquellos

Ra-amón, el portero de discoteca tartamudo, despertó tras un sueño muy extraño. De repente sentía que algo lo llamaba a un apartado lugar de la ciudad. Era una sensación curiosa, pues no es que se sintiera simplemente despierto, y tampoco se sentía con ganas de que lo mataran, como cuando despertaba tras esos días de borrachera. Se sentía... diferente, como si todo el tiempo hubiera estado otro ocupando su cuerpo. Bueno, también se sentía así cuando estaba borracho, claro, pero ahora era diferente; se sentía... bien. O quizá más que bien, incluso animado, como cuando te levantas después de haber descansado después de muchos días de dormir mal y sabes que tienes algún plan realmente bueno y estimulante que rompe con todo el agobio y la tensión anterior. Tenía la sensación de que allí a donde sentía que debía ir había jarana de la buena y de que se lo pasaría muy bien. Sentía que iba a repartir más estopa de la que legalmente le habían permitido en toda su vida.

-Así que Loki y Atenea ¿eh? -dijo Ónice, surgiendo de repente entre ellos con gesto desafiante y metamorfoseándose imponente en una figura felina, más grande, más desafiante, más... por un momento su forma se confundía un poco sin saber muy bien qué aspecto iba a adoptar... por momentos parecía Félix... no, muy clásico... quizá algo más casero y moderno como aprendiz de santa... no... Garfield... nadie me tomaría en serio... uhmmm... Isidoro... nah, es un pobretón rufián, ¿Don gato? si, distinguido y elegante, pero más fachada que otra cosa... Tom... un fracasado, ¿Silvestre? más de lo mismo... ya está, Azrael que acojonaba a los putifos esos que no veas... no, necesito algo con más presencia, algo más terrorífico, algo más grande, más poderoso... por un momento, la forma se agrandó y se hizo más redonda a la par que aterradora, su color se hizo blanco como la nieve, su piel dura como el hielo ancestral, sus rasgos carentes de toda expresión, su mirada gélida y dura, apenas dos puntos negros que reflejaban la profunda soledad en el inmenso infinito, bigotes duros y espigados, amenazadores a ambos lados de la infernal cara, afilados como cuchillas... y vestido en tonos pastel y con un lacito rojo en la cabeza. Todos se horrorizaron al contemplar a hello kitty y algunos hasta se arrodillaron ante la aparición. Pero al final se transmutó en jaguar, porque Ónice era ni más ni menos que un Bacab, uno de los cuatro dioses jaguar Bacabob, guardianes de los puntos cardinales, asociados a los cuatro últimos días del año, y por lo tanto dueños de cada fin y de cada comienzo, señores de la vida y la muerte, los nombrados para evitar el fin del mundo. ¿Impresionados?

-Eres solo uno, pringao -dijo con sorna Loki.
-Si, menuda ayuda -añadió Atenea.
-(ay madre, si pasó lo que pasó con un caballo, no quiero pensar qué hará Loki con este) -susurró alguien del resto del grupo.
-Ejem...

-...

-¿¿He dicho ya EJEM??- repitió el Ónice transmutado.
-¡ah, sí, perdón perdón!- dijo el viejo maestro. Y ante todos, el viejo maestro se transmutó en otro de los Bacabob.

-Aún así les faltan dos. Y aunque tengan a Atenea y junten las fuerzas de los demás, yo aún tengo un AS en la manga... ¡RAMÓOOOOON! ¡RAMÓOOON! ¡oh, RA-AMÓN, dios sol de todo lo que se ve y lo que no se ve, despierta de tu sueño eterno y ayúdame a vencer a estos estúpidos mortales!.

Y Ra-amón vino. ¡Que empiece la juerga!

Es que merece ser puesto aquí...

Pero la persistencia del vacío hace inútil el alma, el maestro debe desaparecer para que el alumno progrese y la soledad nunca es soledad si te encuentras a ti mismo.

Y los páramos serán sombríos, pero puedes encontrar belleza en ellos.

Diego-chan, bebedor de sake

93 hachas observan atónitas el baile leñador bomberil

-Bien, bien, bien... quizás sea hora de que todos mostremos nuestros auténticos colores... -dijo Ambrosio sonriendo.

En ese momento, Ambrosio cambió. Ahora aparecía como un hombre alto de mirada taimada, de largos cabellos y barba, de un color rojo tan oscuro que casi parecía negro. Estaba protegido por una armadura de malla y un largo puñal descansaba en su costado.

-¡Loki! -gritó Atenea.
-El mismo -la sonrisa de Loki era amplísima-. El dios de los engaños. ¿A quién esperabas si no?

-Espera... ¿este no era al que le violó un caballo? -se escuchó la voz de Raoul.
-En la peli era un monstruo verde...
-No, va en serio... le violó un caballo... y además, él y Thor se travistieron en una boda, y...

La sonrisa de Loki se desvaneció.
-Putos estudiantes de mitología -masculló entre dientes.

Mientras tanto... en otro plano de existencia...

-¡BULUC CHABTAN! -se escuchó tronar la voz de Kukulkán-. ¡TE AVISÉ QUE TUS SACRIFICIOS TRAERÍAN PROBLEMAS! ¡SE TE HAN INFILTRADO LOS DEL PANTEÓN NÓRDICO Y LOS DEL GRIEGO!
-MALDITA SEA... UNO NO PUEDE DORMITAR DURANTE CIENTOS DE AÑOS SIN QUE APAREZCAN INTRUSISTAS PROFESIONALES...

Buluc Chabtan estuvo tentado de llamar por conferencia interplanar al panteón egipcio. Esto tenía todo el aspecto de haber sido tramado por una mente maquiavélica, quizás Seth o Apofis. O incluso Bastet, si se había levantado de mal humor...

¿O podría ser otro panteón? ¿O podría ser otra cosa?

Y la pregunta más importante...

¿Intervenía personalmente o no?

Continuará



miércoles, 20 de marzo de 2013

Filosofía barata

El agua de la vida se vuelve dolor cuando el vacío se convierte en lleno y se desborda por tu alma. La clara senda se convierte en sombrío páramo cuando el alumno se queda sin maestro y la fatiga compartida se trunca en el peso de la soledad.

MrBloggerfucio, viejo mostro zen oriental

martes, 19 de marzo de 2013

92 bomberos acuden a liberar a 92 leñadores del ardor que les consume...

En su loca y desesperada huída, Raoul tropezó y fue alcanzado brutalmente por Guerra, que lo inmovilizó en el suelo sin dejarle escapatoria. Los demás asistieron atónitos a una mirada llena de comprensión y amor, unas bellas palabras que querían transmitir confianza y serenidad y a uno de esos besos de tornillo inolvidables (sobre todo para Raoul). De repente, la figura de Guerra empezó a transmutarse y una luz cegadora... los cegó a todos, que es lo que suele pasar en estos casos.

En ese momento, Ambrosio que estaba oculto en las sombras y al que no le había afectado este suceso, aprovechó para atacar. Derribó a Arturo, que era el único que no tenía órganos en el mismo sentido de la palabra que los demás y que podía orientarse y desempeñar sus funciones perfectamente sin la visión. De hecho, internamente en lugar de atender a los estímulos externos provenientes de su vista estaba pasando una vieja película de Bud Spencer y Terence Hill. Nosequé trinidad  pero somos 4 o algo de eso. Luego dejó inconsciente a Rebeca, salpicó de barro a Laura hasta hacerla caer desvanecida de asco y se abalanzó sobre Guerra aprovechando que Raoul estaba catatónico convulsionando en el suelo. En ese momento, Guerra, que ya no era Guerra, se giró con su gran melena rubia y rizada y su cara de ángel que no ha roto un rato pero que oculta una mente perversa, retorcida y manipuladora y una figura estilizada y un par de tetas que también manipulaban lo suyo. Ya no era un mero dios de la guerra, ya no era un Ares o un Marte o Miércole cualquiera, ahora era algo más... o alguien más... se había convertido en Atenea.

-¡Tú! ¿cómo...?
-Yo, si. La diosa de la civilización, de la sabiduría, de la estrategia, de...
-¿pero si tu eras G...?
-¿Gay? no hombre, no.
-me refería a Guerra
-Si, también soy la diosa de la guerra, fíjate tu que casualidad. Soy la leche ¿a que si?
-pero...
-Nada de peros. Si ya sabía yo que algo no encajaba, que yo no estaba bien. Claro, fíjate lo burdo y vulgar que era, ahí todo el día bañado en sangre y demás. Las batallas se juegan desde el despacho, fíjate lo que te digo. ¿Para qué guerrear directamente cuando puedes mandar a capullos estúpidos como Ulises o como Diómedes a zurrarse entre ellos? es taaaan fácil manipularlos... casi tan fácil como a los dioses, claro, basta prometerle a Efesto la mano de Afrodita y ¡ala! ya tienes armas, armaduras y escudos mágicos para repartir entre esos semidioses taaaan creídos o entre esos hombrecillos con ínfulas de poder. Les dices que construyan un caballo de madera y ¡ala! ahí van ellos, to entusiasmaos y...
-¿Alguien quiere hacer el favor de hacerla callar?

Tras esto, toda la sala se queda en tensión, esperando que los dos empiecen a darse mamporros. Salen paquetes de palomitas y refrescos no se sabe muy bien de donde y aún con puntitos de colores dándoles vueltas en los ojos, sonríen esperando un buen espectáculo.

91 incendios forestales

Guerra se alejó del grupo. ¿De qué valía el poder? ¿De qué valía la fuerza? Él era feliz antes de conocer emociones como el afecto, el cariño, la amistad o el sexo a mansalva. ¿Por qué tuvieron que enseñárselo para luego arrebatarlo de sus manos? La ignorancia es una virtud, que diría Delibes. El conocimiento trae pesar...

Mira. ¿El amor? El amor ha traído sólo penurias a esa joven pareja de enamorados, Alba y Francisco. ¿El sexo? El sexo había convertido a Guerra en un desdichado. ¿La amistad? La amistad se había tornado traición en forma de Ambrosio. ¿Los valores morales? Los Doce Sabios eran ahora una caricatura de lo que fueron antiguamente.

Todo lo bueno se tornaba amargo. Todo. La vida no tenía sentido.

-¿Guerra? -sonó la voz de Raoul-. No encontramos la cabeza de Hambre, así que el gato de los huevos dice que es hora de ponernos en camino...

¿Todo lo bueno se tornaba amargo? Pero... quizás...

¿Quizás lo malo cambiaría a dulce?

¿La enemistad era mala? ¿Podría volverse dulce? ¿Podría surgir una bella flor de las amargas cenizas del odio?

-Raoul, bésame -dijo Guerra solemnemente.
-¿Que coño qué? -Raoul retrocedió asustado.
-¡QUE ME BESES!

Guerra saltó sobre Raoul, que comenzó a huir desesperado. El Jinete del Apocalipsis le persiguió...

-¡SI ME BESAS TODO TENDRÁ SENTIDO! ¡EL EQUILIBRIO DEBE RESTABLECERSE! ¡BÉSAME!
-¡Déjame en paz! ¡Prefiero cuando querías matarme! ¡Díselo a Mel y Zoe, que estarán más que dispuestas! ¡A mí me olvidaaaas!
-¡BÉSAMEEEEE!
-¡Socorroooo!

-La razón porque tropas matan al enemigo es porque están furiosas -se escuchó la sabia voz de Arturo.

Continuará

 

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

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