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lunes, 11 de febrero de 2013

76 apostadores perdieron su dinero

Arturo miraba fijamente los continuos aspavientos de Fran en un intento de que le entendiera. Debido a la desesperación y a los nervios, mencionaba un galimatías difícil de comprender para un humano medio (algo así como un discurso de nuestros políticos) y Arturo, desde luego, no tenía el cerebro de un humano medio.

Los gestos exagerados de Fran hicieron que la mente de Arturo los relacionara primero con un baile almacenado en su base de datos cerebral, similar al ritmo de una cancioncilla sobre un puchino pío o algo así. Así que Arturo comenzó a cantarla.

Posteriormente, el llanto desconsolado del muchacho movió algo en el interior del cyborg. Un chispazo en lo que debería ser su corazón lleno de válvulas cibernéticas, enterneció la memoria RAM lo suficiente como para lanzar al aire una cita certera en esos momentos: "tener con quien llorar aminora el llanto de muchos".

Fran miró a Arturo con ojos extrañados. ¿Significaba que el cyborg iba a ayudarle? ¿Quería consolarle simplemente?

La respuesta quedó clara cuando Arturo comenzó a cantar canciones de Rafaela Carrá.

Fran agarró de los hombros al cyborg y comenzó a zarandearle. El cálculo algebraico dudaba entre activar los mecanismos de defensa y vaporizar a aquel insensato, o aprovechar el movimiento para comenzar una conga. Tras una elección particularmente difícil (a cara o cruz), escogió la segunda opción.

En ese momento, Mel y Zoe llegaron, sudorosas y jadeantes. Mejor no preguntar.

Fran se dirigió hacia ellas gritando. Algo sobre Alba. Alba...

Alba.

Alba.

Alba.

Arturo estaba forzando al límite sus (pocos) chips de lógica.

Alba.

Alba.

Alba.

Ese nombre era importante.

Y Muerte. Algo sobre Muerte.

Alba. Muerte.

Alba. Muerte.

Alba. Muerte.

La cabeza de Arturo comenzó a echar humo por el calentamiento cerebral del cálculo (supuestamente) lógico.

Pero... ¿era que Alba estaba en peligro de Muerte? ¿Que Alba sería el siguiente Muerte? ¿Que Alba estaba de Muerte?

Arturo se puso en pie. Estaba decidido a ayudar. Uno de los dispositivos electrónicos implantados en su cuerpo (específicamente, en el esternocleidomastoideo) era un detector de Sabios. Sólo tenía que decírselo a Fran, a Zoe y a Mel. Bueno, y también a Guerra, que estaba llorando solo en un rincón con una depresión de caballo.

Sí, eso es lo que tenía que hacer. Decírselo y solucionado.

En vez de eso, lo que sonó fue:
-Que pasó con el que dijo que te amaba. Acaso se fue y te ha dejado ilusionada.

Fran, Zoe, Mel y Guerra le miraron sin comprender una m**rd*.

Arturo sonrió. Nuevamente, había cumplido con su misión principal.

Si tan sólo le dijeran cual era su misión principal...

Continuará
 

Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

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