118 drogas sin realidad (de cambio) ~ Pruébame blogger!

lunes, 18 de noviembre de 2013

118 drogas sin realidad (de cambio)

Fran, el demiurgo supremo, el ente que manejaba las realidades, el dios de dioses, el hado del universo (nada que ver con llevar tutús y varitas), el... en fin, lo que sea, seguía durmiendo en su esperado sueño eterno, en su pacifico retiro, en su letargo sagrado, en su merecido reposo, en su pernoctación sin despertación, en su... en fin, lo que sea, no estaba tranquilo. Algo lo hacía intranquilizarse, desvelarse, desasosegarse, inquietarse, desazonarse, descojon... en fin, lo que sea, y eso afectaba al universo entero. Por ejemplo, escondía el diccionario de sinónimos para que el narrador no pueda seguir poniendo tonterías. ¡Incluso cosas más graves!. Un gato negro en un tranquilo lugar al sur de Madrid se había dado cuenta de que podía hablar el idioma de los humanos. Y lo que es peor y de lo que derivaba el hecho anterior, tenía conciencia de tener conciencia (lo cual es un fastidio para un gato, acostumbrado a ser cruel, egoísta y hacer lo que le viene en gana). Paradojas morales aparte, una especie de brecha empezaba a abrirse en el universo, un roto en el descosido anterior, un charco en el desierto, un chocolate aguado, un caldo frío, un... vaaale, ya paro.

En alguna parte, Adrián llegó en coma al hospital donde Juanjo trabajaba. Había sido embaucado con la excusa de recoger fondos de su ONG para llevar ayuda al reciente desastre humanitario provocado por una guerra que había estallado de repente y en circunstancias extrañas en el seno de dos países aparentemente en buenas relaciones. Había invertido todo su dinero en fletar con urgencia un barco en cooperación con ciertos políticos de alto nivel que aparentemente querían colgarse algunas medallas. Es más, había incluso tomado prestado parte del de su querida Laura, todo para que en un sorprendente giro de acontecimientos el barco fuera apresado y se descubriera un enorme cargamento de drogas y armas. Cuando se dio cuenta de en qué lio le habían metido fue demasiado tarde, se había convertido en la cabeza de turco de una trama que habían puesto ante un frustrado Antonio Mata. Toda la operación que parecía tan clara y todos aquellos hechos probados resultaron explotar en una marea de falsedades y errores extraños, y Antonio, que tantas pelotas que había tocado durante ese tiempo, tras esta derrota había sido degradado y expulsado del cuerpo por aquellos que lo envidiaban y no tenían una moral tan rígida como para tratar con ciertos capos. Laura había gastado todo lo que le quedaba en abogados y en intentar salvarlo sin resultado, a resultas de lo cual había perdido no solo sus posesiones, sino también su fundación y su orgullo. En la cárcel Adrián había tenido una mala suerte manifiesta. Siendo confundido con alguien que había hecho una mala jugada a uno de los miembros del peor grupo de reclusos, fue vejado, maltratado y apalizado durante semanas hasta el momento en el que un mal golpe lo había dejado sin conocimiento. Juanjo tenía mucho trabajo hoy y no se encontraba en el mejor día de su vida precisamente; las malas noches por no saber el paradero de su amigo Antonio, su bajo rendimiento en el trabajo, la bebida... y ahora esto. Empezó con una complicación en un parto, donde tuvo que acudir a ginecología para echar un cable. El niño murió y la madre está estable pero en cuidados intensivos; el padre, destrozado, se fue dando tumbos por la calle, fuera de si, incapaz de pensar con claridad. Más tarde, en el quirófano 2, había estado operando a una chica que había sido salvajemente agredida por un robot fuera de control y había seccionado una arteria y había estado a punto de matarla. Lo peor es que seguía con pronóstico reservado y aún tenía que enfrentarse a los politraumatismos y contusiones de aquel chico. Los escáneres daban daño cerebral irreversible, nunca volvería a ser el mismo. Pero al menos no se volvería loco como el profesor de Alba ante las indescriptibles escenas que había presenciadolo. No, no creía que Adrian empuñara hachas y reventara al agresor y luego saliera destrozándolo todo. Lamentablemente lo poco que podría hacer a partir de entonces sería babear y decir incoherencias, pues lo único que estaba en su mano era lograr que pudiera despertar de nuevo para ver un nuevo día. Demonios, pensó, pobre chico, casi es mejor que lo mate... y me mate yo después...

Continuará...
 

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